‘Se trabaja como se vive’ – Nota en La Voz del Interior

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21 Sep ‘Se trabaja como se vive’ – Nota en La Voz del Interior

‘Se trabaja como se vive’
Por Bibiana Fulcheri

No es sólo una manera de trabajar sino una manera de vivir. Ajustadísima síntesis para aproximarse al concepto de coworking, una tendencia o ¿signo de época en crisis? a nivel mundial. La traducción del concepto sería “co-trabajo”, aunque su filosofía va más allá de compartir una oficina. Apunta a construir comunidad en un mismo espacio físico, en el que los participantes se desempeñan laboralmente y mantienen vínculos solidarios que permiten elaborar proyectos en sinergia.

El antecedente remoto de uso del término coworking aparece en 1995, en Berlín, con CBase, un lugar de trabajo y sitio de encuentro. Y el coworking como cocepto “oficial” nació en San Francisco (California) en el año 2005, bajo el influjo de Bradley Neuberg, ingeniero en software que lideró -y lo hace aún- esta manera colaborativa y creativa de actuar laboralmente, cuyo objetivo es expandir las potencialidades individuales, grupales y sociales.

Un almacén de ramos generales

En una antigua casa-chorizo sobre el Boulevard Roca -casi al frente de la Estación del Ferrocarril Nacional Andino emplazada en 1873- ocupando una de las zonas más ricas de patrimonio histórico, urbano y cultural de Río Cuarto, está Ramos Generales Coworking, emprendimiento que pone en juego y resignifica espacios laborales, producción artística y animación sociocultural.

“Primero quisiera mostrar toda la casa de Ramos… y así resultará más fácil entender de qué va este coworking“, dice al recibirnos Martín Lanzarini(licenciado en administración y gestión cultural), uno de los responsables del emprendimiento que nació hace dos años con la idea de concitar “movida” entre jóvenes profesionales, artistas, freelancers y curiosos variopintos.

En el patio de entrada hay una amplia mesa de ping-pong rodeada de oficinas compartidas o de uso personal, sala de reunión y talleres, cocina-bar, galería de arte y salón de usos comunes. Allí están Mariángles Musolini (abogada), Richard Reynolds (diseñador gráfico), Andrea Menichetti (programadora neurolingüística) y Adriana Guezuraga (artista, docente y emprendedora). Todos participan en Ramos Generales.

“Todo empezó cuando regresamos a Río Cuarto un grupo de siete jóvenes, que nos habíamos ido a estudiar afuera o a viajar por el mundo -explica Mariángeles, la otra factótum del lugar- y producto de esas vivencias, nadie quería trabajar solo. Coincidíamos en que al juntarnos generaríamos una sinergia de profesiones que nos beneficiaría y nos largamos con este desafío”.

El primer lugar que habitó Ramos Generales era una tradicional cúpula que está al comienzo al boulevard Roca, en las cinco esquinas de la ciudad. Cuando dejó de ser funcional al proyecto, se mudaron al actual emplazamiento. “Ambos lugares eran negocios de ramos generales, al igual que ahora nosotros, que convocamos a la gente de cualquier ramo de actividad pero con un sueño para desarrollar. Aquí lo sacamos adelante entre todos”, agrega.

La casa de Ramos Generales hoy alberga a analistas de sistemas, programadores, arquitectos, fotógrafos, artistas, artesanos emprendedores y diseñadores que, según las necesidades, alquilan un espacio de trabajo para desempeñar su actividad, con la posibilidad también de ocupar, eventualmente, sitios mayores.

Los que eligen este coworking pueden optar por su oficina y también, con flexibilidad, disponer de salas para capacitaciones o reuniones. Los artistas cuentan con una “Galería de Bolsillo” para mostrar su trabajo y acceden a “El Furtivo”, una feria para compra y venta de arte. También se arma un mercado de comidas en el que hay alimentos artesanales.

“Es muy importante para entender este concepto de trabajo -acota Reynolds- que cada uno haga lo suyo pero en un contexto colaborativo, en el que estemos para aportar soluciones y compartir experiencias. Y, después, el fin de semana se transforma sacando el arte a las calles del boulevard”.

“Llegué hace 10 días buscando un lugar que no fuera mi casa para hacer talleres de crecimiento personal. Buscaba privacidad y a la vez posibilidades de reunir mucha gente y tener acceso a actividades en la calle. Ese lugar es aquí”, agrega Menichetti.

Hay que sacarlo todo afuera, se dijeron los  participantes de Ramos Generales cuando comenzaron a florecer los proyectos artísticos y quisieron socializarlos. “Nos gusta la gente a todos aquí -dice Lanzarini-. Por eso nos planteamos con otros colectivos autogestionados como F8, Mixtura y La Casona hacer acciones culturales gratuitas en los espacios públicos. El último fue el Día del Niño en el Paseo Boulevard, hicimos circo, teatro, feria artesanal, cuentos, yoga.

La artista Adriana Guezuraga es algo así cómo la maestra y musa de Ramos Generales. Ella tiene el taller de textiles en su casa, pero visita el coworking a menudo y se suma como fogonera de talentos. “Me doy cuenta de que estos chicos tienen una creatividad sin límites -confiesa-. Entonces qué mejor que hacer arte relacional. Les propuse el ‘Proyecto Locro’ para reunirnos en torno a esa comida, que es un rasgo identitario de la ciudad en las fechas patrias, y mientras comíamos pintábamos carteles para los sitios donde se vende el locro. Después regalamos las obras a esos lugares que las recibieron con sorpresa y alegría. Fue algo muy convocante, solidario y de verdadera construcción colectiva que sintetiza el espíritu de este lugar”.

http://www.lavoz.com.ar/numero-cero/coworking-se-trabaja-como-se-vive

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